MARIE KONDO. “La magia del orden”.

MARIE KONDO La magia del orden

 

  • Nº de páginas: 200 págs.
  • Editorial: AGUILAR
  • ISBN: 9788403501409

Resumen elaborado por “La casa del libro”:

Transforma tu hogar en un espacio limpio y ordenado de manera permanente, ¡y sorpréndete de cómo cambia tu vida!

Marie Kondo, la experta en orden japonesa, te ayudará a acomodar tus espacios de una vez por todas con su sencillo método KonMari. La clave para mantener el orden exitosamente está en acomodar los objetos de tu casa, habitación, apartamento, estudio u oficina en forma correcta, manteniendo solo lo que realmente amas y limpiándolo todo a la vez.

Este método increíblemente fácil no solo transformará tu espacio, también te cambiará a ti. Te sentirás más seguro, exitoso y motivado para crear la vida que quieres.

** La magia del orden ha vendido más de 2.000.000 de ejemplares en Japón y más de 300.000 copias en Estados Unidos.

** Se ha traducido a más de 24 lenguas y publicado en más de 30 países.

** Ha conquistado el número 1 en la lista de más vendidos de The New York Times, Los Angeles Times, Publishers Weekly y The Wall Street Journal, entre otras publicaciones.

Reseñas:
«Marie Kondo se define como una gurú del orden, una princesa guerrera que lucha contra el caos. Algo que lleva haciendo desde los cincos años».
The Times

«Marie Kondo es una sola mujer con una única misión: limpiar el mundo habitación por habitación. Sus libros se han convertido en un fenómeno de ventas en Japón, su país natal. Su método es una actitud ante la vida, una filosofía del orden. Kondo sostiene que son muchos los efectos positivos que podemos tener en nuestras vidas gracias al orden: suerte, amor y éxito, entre otros».
The Sunday Times

«¿El desorden preside tu vida? Sigue las reglas del método Marie Kondo, la reina del orden, y sé feliz».

MI OPINIÓN:

Tengo que deciros que este libro ha sido un gran fiasco para mis altas expectativas. Estaba yo allí, ansiosa, en lista de espera de la biblioteca para leerlo porque está muy demandado, y pensando “voy a hacer magia. Tendré todo ordenadito”. Eso era el antes. ¿Cuál fue el después? Yo en mi caótica casa pensando ¡qué cantidad de tontunas juntas!

También pensé: ¡Dios mío, marketing poderoso, tu que nos dominas y nos invades!

Esta chica ha publicado en muchísimos países y ha supuesto una revolución cuando la mayoría de lo que dice se puede resumir en “tirar, tirar y tirar”. A su modo ordena hasta Rita la Cantaora. Tiras todo y cuando solo te queden 4 cosas ya las ordenas. ¡Pues vale!

Para esto no necesitaba leer el libro. Con vivir con mi abuela hubiese sido suficiente. La filosofía de vida de mi abuela se centraba ante todo en la frugalidad y la vida simple. Con unas cuantas macetas de frutales crecidas a partir del pipo de la fruta que se comía, un libro de muestras de labores y un par de libros de jardinería estaba feliz. ¡Tan espartana!

¿Cuál es el problema? Yo.

Os cuento. Soy mestiza, hija de padre acumulador y madre ordenada. El acumulador no era nada ordenado.

Y he tenido una infancia feliz con ese padre acumulador. Nací rodeada de libros y muchos de los olvidados o ya leídos por él pero que seguían en las estanterías me hicieron disfrutar muchísimas tardes al volver del colegio. Si mi padre hubiese seguido los consejos de Marie Kondo, o de su mujer (¡te quiero mamá!) se hubiese deshecho de la mayoría y yo no hubiese podido vivir esos momentos.

Y en mi predomina el carácter acumulador. Soy un proyecto de “síndrome de Diógenes”. Me cuesta muchísimo tirar cosas que están en buen estado, y no siempre encuentro gente a las que regalárselas y a las que les sean útiles. Reciclo todo lo que puedo y no soy excesivamente gastosa pero… (¡siempre hay un pero, que rollo!) el problema es convencerme a mí misma de que hay que tirar.

Y los planteamientos de Marie Kondo, su particular visión de los objetos y las anécdotas que cuenta no me convencen nada.

Me niego a tragar con el hecho de que las cosas tienen sentimientos. Los seres vivos sienten las cosas inanimadas no. Hay que cuidar las cosas, eso es de cajón, pero de ahí a que mis calcetines estarán felices si los dejo descansar va un trecho. Y eso de que las cosas que tiro me estarán agradecidas , o que las personas que me regalan algo estarán felices si tiro su regalo porque no me satisface y ellos lo que quieren es que sea feliz… pues como que no puedo procesarlo. Ya te digo yo lo contenta que se pondría la persona, a la que aprecio profundamente, si tiro un cuadro que tengo en el trastero que no me gusta y que me regaló con toda su ilusión. Prefiero tenerlo allí y si viene a visitarme sacarlo a relucir. ¿Soy hipócrita? Prefiero pensar que soy una persona que cuida no herir los sentimientos de aquellos a quienes quiero. La sinceridad está sobre valorada. Y como en todo hay quien te gana tengo cerca un alma encantadora que tiene en su trastero cajas llenas de chirimbolos del tipo “recuerdo de Manacor”, etc. que le traen familiares y amigos, cada una en su cajita con el nombre del “regalador” y que dispersa por la casa cuando éste le dice que va a verla. Yo no llego a ese punto, la verdad.

Bueno… y cuando ya no puede más fue al leer la anécdota del móvil. Mandó un mensaje a su viejo móvil cuando lo desechó y ese mismo día el pobre colapsó, como si se hubiese muerto. Satisfecho por haber servido bien. ¡Tela, telita! Si es que cada uno se convence de lo que le da la gana.

Otras cosas que me dejaron un poco descolocada son las menciones a su infancia. Los padres de esta chica debieron estar muy preocupados por ella. No es normal que tu niña llegue del colegio y siempre (no alguna vez que le de por ahí), en vez de jugar o querer estar con las amigas, se dedique a ordenar armarios. No es natural.

Y si protesto tanto del libro ¿por qué lo comento en el blog?

Porque también tiene sus cositas útiles (le daremos el mérito que tiene). Las que más me han servido a mí han sido:

1.- El dedicarnos a limpiar como algo divertido y días concretos. (no como una obligación diaria, inacabable). Y que se vea el resultado de nuestro esfuerzo pronto.

2,. La forma de doblar las camisetas.

3.- Juntar todos los objetos de una misma clase en un mismo lugar. He podido horrorizarme de la cantidad de camisetas viejas que tengo para estar en casa. Hasta que no las he visto todas juntas no he sido consciente. Me identifiqué con el pariente de una amiga que le contaba “tengo montones de pantalones viejos por si tengo que pintar o hacer algún trabajo que ensucie y al final cuando tengo que hacerlo llamo al pintor y tampoco me los pongo”.

4.- Ordenar por categorías (todos los libros, zapatos, etc. ) y no por habitaciones.

5.- Concentrarnos en las cosas que nos gustan y nos hacen felices… Esto está muy bien pero trasladado a las compras. No comprar nada que no te enamore o sea útil. Ainss!!!

Un problemón. Me enamoran muchas cosas y me son útiles sólo unas pocas. ¿Qué hacer?

Y otro problemón: yo no tiro libros. Nunca. Bajo ningún concepto. Y tampoco me quiero deshacer de ellos. Soy como Golum en “El señor de los anillos”… ¡mi tesoro…! Invadirán el espacio debajo de las camas, todas las estanterías, las mesillas… Lo más que puedo hacer es lo que hago: no comprar muchos más y leer los de la biblioteca o los e-books.

En fin, como ya he confesado soy una acumuladora (golpes en el pecho). Pero (otro pero) soy una acumuladora a la que le gusta el orden aunque convive perfectamente con el caos. Sólo necesito un sillón y un libro para evadirme y automáticamente me relajo (aunque el suelo esté lleno de juguetes, las mochilas tiradas en medio y los lápices sin recoger)

Y desde ese sillón orejero aprovecho para recomendaros, a los amantes de la fantasía, la trilogía “El señor del Tiempo” de Louise Cooper, sobre el Orden y el Caos. ¡La disfrutareis!