“Elegidas” de Kristina Ohlsson.

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Sinopsis que me encontré en Amazón:

En una lluviosa tarde de verano, en una estación cerca de Estocolmo, una niña es secuestrada en un tren. A pesar de haber cientos de potenciales testigos, nadie ha visto nada. Fredrika Bergman, analista criminal de la policía sueca, participa en el equipo especial encargado del caso, bajo la dirección de Alex Recht.

Las primeras sospechas recaen en el padre de la niña, separado de la madre y con un sórdido historial. Pero Fredrika y su equipo pronto descubren que el caso es mucho más que una disputa familiar. La desaparición de la niña no es más que el comienzo de una pesadilla en la que se han de enfrentar a una mente criminal tan astuta como despiadada.

Opinión:

Otra más de novela negra sueca publicada. No soy muy de modas, pero están traduciendo tantas novelas de este género escritas por autores del norte de Europa que siempre encuentras algo de interés.

Si soy sincera la novela negra en las que las víctimas son niños no suelo leerlas porque me generan malestar. Aun así, hojeé ésta en la biblioteca y me la llevé para casa. La portada ya genera tristeza… unos zapatitos rojos “abandonados”. Pensé… la empiezo y si no tengo estómago para ella pues no será la primera vez que dejo una sin terminar.

Comienza ya chungo porque aparece una escena de un niño maltratado por un adulto. Y con esto la autora, desde el principio, te empuja a tener emociones encontradas hacia el asesino. Le conoces. No sabes su nombre ni lo que le empuja. Sabes que lo que hace es terrible pero no puedes evitar sentir pena por alguien que sobrevivió a la brutalidad y que quedó roto convirtiéndose también en una persona brutal y peligrosa. Bueno, eso lo que deduce esta lectora desde las primeras páginas.

Dedicados a cazar al responsable de la desaparición de la niña tenemos a un equipo policial en el que sus tres principales miembros no me han gustado mucho.

Alex es el jefe. Se supone que es una estrella de la policía, superguay, al que todos respetan y con quien es un honor trabajar. El talento que dicen que posee no se le ve, porque las pesquisas empiezan totalmente desencaminadas y el tiempo se agota. Y el lector está ahí mordiéndose las uñas con ganas de empujarles.

Me viene a la cabeza algo que contaban de una película de Hitchcock. Una mesa, con unos tipos riéndose y jugando a las cartas tan tranquilos. Debajo hay una bomba. La tensión se genera porque el que ve la peli sabe que va a estallar pero no puede intervenir.

Pues en esta novela es igual. Pavos, que vais por un camino equivocado. Pero no puedes hacer que cambien el rumbo.

Fredrika, la colaboradora civil del grupo policial lo hace. Consigue imponer su criterio (convenciendo a la estrella) y encaminar la investigación. Este personaje es muy frío. Hermosa y reservada tiene menos empatía que un pez frito. Evoluciona bien a lo largo de la novela pero no es para tirar cohetes.

Peder, el tercero del trío investigador es un tontaina. Me resultó insufrible dedicado a sus devaneos amorosos, siempre queriendo figurar e ir por delante de Fredrika en la consideración del amadísimo César (Alex). Su comportamiento me pareció infantil con esa competición que se monta en el trabajo y ya no hablamos de como enfrenta la depresión post-parto de su mujer. Penoso.

Y aunque los polis no me han gustado, la novela me ha resultado interesante. Quieres entender las “retorcidas” motivaciones del asesino y saber como va a resolver el caso la policía. También quieres saber como acaban esos tres mosqueteros, porque la autora también te hace conocer parte de la “vida privada” de los protagonistas. Tengo que decir que eso me generó curiosidad pero no hizo que me fueran más cercanos. Mi corazón sigue helado. No les cogí ni pizquita de cariño.

El final, inesperado. No lo ví venir. Y me dejó una triste sensación.

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