KEN ROBINSON Y LOU ARONICA. “Escuelas Creativas”.

escuelas creativas 2

 

  • Nº de páginas: 368 págs.
  • Editorial: GRIJALBO
  • ISBN: 9788425353222

RESUMEN ENCONTRADO AL VISITAR “LA CASA DEL LIBRO” (Para que conste, no tengo acciones en esa empresa. A partir de ahora cogeré los resumenes de varios sitios y así visitamos otras páginas).

Un enfoque revolucionario sobre como educar. Robinson desarrolla en Escuelas creativas las ideas de su famosa charla TED Como la escuela mata la creatividad y ofrece soluciones innovadoras y revolucionarias para uno de los problemas mas relevantes de nuestra sociedad: como transformar un sistema educativo que no funciona. En una época en la que los procesos de evaluación se estandarizan, las escuelas pasan por momentos difíciles y tanto estudiantes como educadores sufren una presión enorme, Robinson nos ofrece soluciones practicas para terminar con el caduco sistema educativo actual heredado de la Revolución Industrial. Para lograrlo, propone darle a la educación un enfoque personalizado. Sugiere aprovechar el potencial de los recursos tecnológicos y profesionales disponibles y fomentar así la participación de los estudiantes para que pierdan el miedo a equivocarse, desarrollen su pasión por aprender y su creatividad, y estén preparados para afrontar los retos que les depare el futuro. Repleto de anécdotas, casos, investigaciones y consejos de profesionales pioneros en el tema, Escuelas creativas apasionara a cualquier interesado en la educación, porque le hará replantearse muchas ideas preconcebidas y le ayudara a reflexionar sobre cual es realmente el verdadero sentido de la educación en el siglo XXI.

MI OPINIÓN:

El resumen nos aporta una idea bastante exacta de lo que encontraremos entre sus páginas. En un estilo muy ameno el autor nos hace ver a los padres y educadores que hay otro mundo posible. ¡Aleluya!¡Aleluya!¡Aleeeeluuuya! (Perdonad mi entusiasmo, pero soy una sufridora del sistema imperante).

Y ¿en qué consiste ese “sistema imperante” tal y como yo lo percibo (que ya sabemos que la subjetividad es consustancial al ser humano)?

Pues básicamente en que las enseñanzas regladas se esfuerzan en:

1.- Meter contenidos y más contenidos en las cabezas de los estudiantes muchas veces sin una clara utilidad. “El saber no ocupa lugar” es lo que se dice siempre. Pero señores, ocupa mucho de nuestro tiempo. ¿Es realmente necesario aprender lo que es una sinalefa, un retruécano o las partes del árbol en inglés y se deje tan de lado la lectura, la redacción o el dictado?

2.- Que haya asignaturas con importancia (doña matemáticas y doña lengua) y otras a las que con displicencia se les llama “las Marías” (María Música, María Educación Física y María Religión, Ética o similar). Fruto de esa particular clasificación, al estudiante que tiene habilidad para las doñas le suele ir bien en el colegio y el que tiene dificultades en las doñas aunque sea muy bueno en las Marías no le va tan bien.

¿Qué te gusta o tienes habilidad para el baile? Pues mira, niña, en tu tiempo libre ve a que te den clase porque en el colegio va a ser que no. Música todavía podría ser. La flauta ¡que ocupa poco espacio en la mochila!. Para los demás instrumentos en tu tiempo libre te apuntas al Conservatorio.

3.- Que odiemos los deberes. Los odian los niños y ya los odiamos muchos de los padres. Yo particularmente estoy horrorizada por la cantidad de tiempo que tienen que dedicar las pobres criaturas al día a los deberes en cursos de primaria, ¿Y las vacaciones? Pues más deberes, que el verano y las navidades son muy largas y luego se les olvidan las cosas. Claro… por eso los adultos en nuestras vacaciones nos llevamos trabajo a la playa, a la montaña, a nuestra casa (si es que nos quedamos en ella). ¡Mire usted, trabajamos unas horitas al día, que el día es muy largo en vacaciones, no vaya a ser que se nos olvide! (estoy por mandarle a los niños al profesor a su casa en verano un par de horas para que les de clase y así mato dos pájaros de un tiro: ellos no se olvidan de cómo se multiplica y él no se olvida de cómo se da clase).

Y así llegamos a mi último capricho: comprarme una camiseta y encargar una leyenda: ¡DEBERES ESCOLARES NO!

 Os contaré una pequeña anécdota. Creo que era 3º o 4º de primaria (8 ó 9 años). Uno de los ejercicios del día era un pequeño cuento mecanografiado. Para una persona que sepa mecanografiar no hay problema, son 5 minutos. Para un niño de esa edad que no esté familiarizado con el teclado una línea le supone casi media hora.

Comentándolo con la tutora me enseñó lo que habían hecho los demás niños. Mi respuesta a ver esos cuentos tan largos fue: ¡eso está hecho por los padres, eso está hecho por los padres y eso está hecho por los padres! Casi todos, me apuesto lo que sea (y hay que decir que el juego no es lo mío, porque no juego ni siquiera la lotería de Navidad) estaban hechos por adultos porque había cuentos que ocupaban un folio. Y eso era solo uno de los ejercicios que tenían para ese día.

¿A qué me lleva eso? Pues que tanto el que puso el ejercicio en el libro de texto como la profesora no saben escribir a máquina o no se han puesto en la piel de un niño de esa edad. ¡Y suma y sigue!

La buenas intenciones de los profesores se ven coartadas por la rigidez del sistema: tienen que dar unos contenidos y tienen que poner notas. Con todo esto se pierden muchas energías en exámenes y correcciones y se olvida lo principal: alimentar la ilusión por aprender. Si consiguiéramos sólo eso no importaría tanto el modo en que se adquieren los conocimiento (sentado horas y horas en un pupitre en una clase escuchando al profesor y “comportándose bien” aunque se aburra como una ostra) como el conseguir un objetivo final: una mente curiosa, siempre abierta al conocimiento y con capacidad para transmitirlos (sea en una clase, en una conversación con amigos, a través de una película, de un libro, de un dibujo…)

Bueno, podría seguir refunfuñando durante mucho más tiempo pero creo que ya os hacéis una idea de por qué me gustó tanto este libro.

Lo primero: me enamoró la portada.

Entiendo la utilidad de usar uniformes para identificar determinadas profesiones con rapidez en caso de urgencia (médicos, bomberos, etc.) pero no los soporto cuando no aportan nada concreto. Traducido: no me gustan nada los uniformes escolares. Me gustan las cosas diferentes, las mezclas de color, un cierto caos, …

Cualquier libro de psicología, autoayuda y demás ralea (aunque tiene connotaciones un poco negativas me encanta esa palabra) abundan en la idea de que cada ser humano es único. ¿Por qué hay que empeñarse en que todos parezcan iguales? ¡Y no digamos de cuando se empeñan en que adquieran conocimientos en un tiempo establecido y no según su madurez! (¡Es que su niño no quiere leer y los de la clase ya saben!¡Empezaron con cuatro años y a los cinco ya saben todos menos el suyo! ¡Pues mire, el mío aprendió a los seis y ahora le gusta leer mucho más que a muchos de sus compañeros!). Todos iguales, igualitos… porque si no cabes es el “traje” talla única eres diferente, eres peculiar y das problemas.

Segundo: Nos cuenta sobre proyectos que se han llevado a cabo en determinados centros y han funcionado.

Cuando le contaba esto a una amiga (toda ilusionada yo) me dijo con todo el cariño ¡deja de soñar! Y si, es un sueño porque lo que tenemos actualmente es un colegio a elegir entre unos pocos por mi lugar de trabajo, vivienda, etc, Y entendedme, sé que la enseñanza es pública y gratuita. Sé que cuesta mucho dinero pero también creo que con eso mismo podríamos tener algo diferente y mejor. Y me gustaría que la educación fuese una prioridad a la hora de gastar el dinero público. Yo empezaría por clases con una ratio menor de alumnos (sobre todo en los cursos de los más pequeños) donde el profesor pudiese trabajar mejor en función de las múltiples inteligencias del niño y su personalidad.

Tercero: El autor nos habla de proyectos que se han sacado adelante con la colaboración de todas las partes implicadas (padres, alumnos, profesores). En este mundo tan competitivo es la mar de relajado pensar que entre todos, aunando esfuerzos, se consiguen cosas impensables. Estamos donde estamos porque somos las suma de los conocimientos adquiridos y transmitidos a lo largo de una larga historia: Platón, Descartes, Leonardo da Vinci, Tesla, Marie Curie… cientos y cientos de personas que contribuyeron a ese gran tesoro (al que ahora tenemos acceso casi todos a través de internet. ¡Y que no falte un hurra por la wikipedia!). Matemáticas, física, lenguas, química, medicina, pintura, música… tantas cosas útiles y tantas que nos hacen felices.

– ¡Y este libro ha sido uno de los que me ha hecho ser feliz!

– ¿Por qué?

– ¡Por dibujar un mundo mejor!