“Deja en paz al diablo” de John Verdon.

 

deja en paz al diablo

Bonito título. Es la puerta por la que no puedes dejar de pasar para conocer lo que hay detrás.

Aquí nos encontramos con otra aventura del detective Dave Gurney que al paso que voy ya es como de casa. Garbanzos en la mesa pongo para él cualquier día de estos.

La historia arranca con una llamada de teléfono de la periodista que le hizo famoso en el pasado dándole con sus artículos prestigio de “superpoli”. Necesita un favor para su hija, Kim Corazón.

¿De que se trata, pregunta nuestro poli retirado y que si se descuida tiene más trabajo que antes? De asesorarla en los asuntos en los que Gurney es conocedor: los crímenes y los asesinos múltiples.

Kim tiene en proyecto presentar lo que les ocurre a los familiares de las víctimas de asesinato, de exponer esas vidas rotas por la tragedia. Siempre con respeto ¿eh? (a mi el planteamiento ya me parece un rato morboso) Una cadena de televisión le ha ofrecido un programa de entrevistas y ese puede ser un salto inmenso en su profesión de periodista. El problema: que la cadena en cuestión es la máxima representante de lo que no se debe hacer con las noticias: alarmar, alimentar el morbo y los mas bajos instintos de la gente, recrearse en el dolor de los demás, … en fin, ¡una joyita!

Lo que sale por la boca del personaje que la dirige defendiendo su “modus operandi” es una exposición de como es el mundo de asqueroso. Según su exitosa visión la gente es retorcida y le gustan las historias truculentas y las imágenes escabrosas. Él, pobre ovejita sin maldad, lo único que hace es darle al público, mejor que nadie, lo que pide.

Y Kim, toda inocencia, le pregunta a Gurney a cuenta de este gran chico:

– Si tu estuvieras en mi posición, ¿tratarías con él?

– Eres lo bastante lista para saber que es una pregunta absurda.

– No, no lo es. Solo imagina que estás en la misma situación que yo.

– Me estás preguntando qué clase de decisión tomaría si no fuese yo, con mi historia, mis sentimientos, mis ideas, mi familia, mis prioridades, mi vida. ¿No lo ves? No puedo ponerme en tu lugar. Es absurdo.

¡Me gusta este hombre!

El proyecto acaba centrándose en un único asesino: El Buen Pastor.

¿Y quién es él? (¿en que lugar se enamoró de mi? La, la, la… No, ¡un momento!, mejor imaginaos una música impactante, de peli del maestro del suspense, el gran Hitchcock). Nunca consiguieron apresarle a pesar de todo lo que se investigó y escribió sobre su perfil psicológico y sus crímenes. ¿Por qué? Según nuestro detective favorito de hoy porque una vez trazado ese perfil de como debía ser el asesino las pesquisas se fueron adecuando a él. Pero Gurney sospecha que toda la investigación parte de planteamientos erróneos y allí se nos pone, la criaturita valiente, a enfrentarse al FBI y a los psicólogos y a todo el que se ponga por delante tratando de impedir que resuelva el acertijo.

Aderezando la historia seguimos teniendo la relación con su mujer que son las partes que menos me gustan pero que le dan una dimensión más profunda al personaje de Dave Gurney. Nos expone a través de cómo interactúan su incapacidad para expresar sentimientos, su miedo a convertirse en un ser solitario distanciado emocionalmente de todo y de todos, su despiste hacia la rutina diaria, sus intentos de conectar con su hijo, etc. Con eso es con lo que tenemos un personaje redondo, que evoluciona con las experiencias y que va cambiando a lo largo de la serie.

Un aparte para solidarizarme con él cuando defiende su olvido. El olvido no es voluntario. Su mujer le dice que se olvida sólo de aquello que no tiene interés para él, como llamarla a una determinada hora o acordarse de qué planes tenía ella esa tarde. Mientras, le echa en cara que nunca olvida ir a declarar a un juicio. Y si es así ¿qué pasa? ¿Tiene que ser ella, el modo en que ella quiere vivir y toda su agenda lo prioritario en la vida de mi Gurney? Que la quiera no significa que no haya muchas cosas que le entusiasmen tanto que le hagan perder la noción del tiempo. Todos prestamos atención a lo que nos interesa, no a lo que dicen que debe interesarnos. No, no, no. Me resultó un poco cargante su mujer.

Y entre unas cosas y otras nuestro detective estrella inicia una línea de investigación totalmente diferente a la oficial del FBI. Y comienzan de nuevo los asesinatos entre los familiares de las victimas del Buen Pastor. ¿Que está pasando? ¿Ha vuelto el asesino? ¿Por qué? ¿Tiene algo que ver con las amenazas y trampas de la casa de Kim? ¿O se trata sólo del “no muy centrado” de su ex? ¿Que papel tendrá en la resolución del caso el único detective que logró sorprender al asesino y cuya alocada persecución le costó su carrera? (fue un fiasco). Hummm!! Este personaje es muy llamativo: dedicado al comercio de armas es un paranoico que vive solo, en una cabaña alejada del mundanal ruido y protegida cual castillo por un “foso” de serpientes. ¿Está lúcido y es una pose o está loco de verdad?

Pasito a pasito el autor nos va guiando. ¿Por qué intuí otra vez es asesino y acerté? No hay datos claros que yo pueda señalar y que me sirvieran pero lo cierto es que mi apuesta ganó. Pero no era un final previsible. Era en cambio un final emocionante y “de película” con mucha acción.

Encontré en esta novela muchos personajes interesantes y un buen ritmo (si exceptuamos los apartes con su mujer, ya sabéis). Si os apetece novela policíaca esta es una buena elección.

Si queréis ver otras opiniones, aquí os dejo unos enlaces:

Susurros de biblioteca

El búho entre libros.

La letra crítica

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“No abras los ojos” de JOHN VERDON.

 

 

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He aquí un interesante descubrimiento. Seducida por la portada, tan oscura ella, me tiré a la piscina sin buscar ninguna referencia en internet como suelo hacer (excepto con los autores consagrados en el altar de mi estantería, que ahí ya no hay filtro ninguno. Es como una marca favorita. Conseguido el prestigio ya consumo todo lo firmado).

A cuento de esto recuerdo que siendo pequeña me asombraban las cantidades que se pagaban por cuadros abstractos que me parecían una birria (Picasso nunca me gustó). Pregunté a mi padre, que en mi universo tenía todas las respuestas, y esta vez la contestación fue “es que lo que vale es la firma”. Una obra pintada por Picasso cuando era niño vale lo que vale sólo por ser suya y por la fama que alcanzó después.

Rebobinando. Por eso leo todo lo de Aynd Rand, Sandra Brown, Lisa Gregory, Nalini Singh, Jojo Moyes, Lisa Kleypas, etc., etc., etc. No todo me ha gustado, pero es lo que hay, no vaya a ser que me pierda alguna joya. He decidido sumar a John Verdon a la lista. Y como pensé que era una novela independiente me sorprendí al encontrar algunas referencias a hechos anteriores relatados en otra novela. Había empezado por el segundo de la serie de aventuras del detective Dave Gurney. Pero eso es un detalle sin importancia si no eres muy maniático porque le historia se sostiene sola.

Y es una historia muy interesante. Una novia muere decapitada por un machete durante la ceremonia de su boda. Todo apunta que el culpable es el jardinero. Dave Gurney se ve implicado de lleno en la investigación de este crimen “animado” por su amigo el detective Jack Hardwick. Adoro a este personaje. Cínico y gruñón, grosero… es el contrapunto perfecto al imperturbable Gurney.

Hay que decir que no es que nuestro detective estrella necesitase mucho ánimo porque ha nacido para resolver enigmas y su bucólica vida en el campo en compañía de su mujer, Madeleine, está acabando con él tras su retiro de la policía. Se da un plazo de dos semanas y si no lo resuelve en ese tiempo dejará la investigación. Es lo que piensa que será un plazo razonable para lo que quiere hacer sin que su extrema dedicación al caso le pase factura a la relación con su mujer.

La historia se va complicando poco a poco, y nos encontramos en un escenario de un asesino múltiple extremadamente inteligente. La “muerta” resulta que era un todo un cerebro pero estaba bastante loca. Guapa y rica había abusado de todas las drogas y el sexo al que había podido tener acceso.

Es su madre la que contrata a Gurney para que realice una investigación independiente a las que lleva la policía. A su entender son unos incompetentes y se encuentran en un punto muerto. Es su sentido de culpa por como desatendió a su hija en su infancia más que su amor de madre lo que la empuja a pagar lo que sea necesario para que se encuentre al culpable.

Gurney empieza a desenredar la madeja y comienza a sospechar que el jardinero, culpable señalado por todos y al que se ha tragado la tierra, puede no ser el culpable. Tachán…. Si no es él ¿quién?

El pasado de la hermosa novia liquidada en el día de su boda se va desvelando. Estudió en un colegio que se ha transformado. De atender a “niñas con problemas de conducta” han ido conformando un alumnado de niñas realmente enfermas. Niñas que abusan sexualmente de niños más pequeños, o que utilizan el sexo para conseguir lo que quieren.

Os cuento que todas las “perversiones” de las que se habla simplemente son para situar la acción y el porqué del desarrollo de los acontecimientos. No hay descripciones morbosas. No hay temas escabrosos narrados en detalle.

Y hasta aquí llego para no destripar mucho la novela. El asesino lo intuí pero no sé por qué, porque pistas claras no hay hasta el final.

Del personaje de Dave Gurney me atrajo su serenidad ante el peligro, su seguridad en su capacidad para resolver entuertos, su frialdad. La parte en la que narra la relación un poco complicada con su mujer es quizás lo que menos me ha gustado. Se me ha hecho un poco lenta aunque tengo que reconocer que ha contribuido a que la imagen de los personajes tengan matices que no podríamos percibir de otro modo. Vemos así la diferencia de personalidades y la diferencia en las cosas que le apasionan. Vamos, el pan nuestro de cada día de las parejas. Ella es feliz con su bucólica vida en el campo y el se aburre como una oveja. Ella teme que su manía de implicarse con gente peligrosa (los asesinos no son hermanitas de la caridad) salpique ese remanso de paz que es su casa y altere su segura vida. Pensó, pobre ilusa, que al retirarse de la policía y dejar la gran ciudad su día a día sería tranquilo y se encuentra con que el pobre hombre tiene casi más trabajo que antes.

La forma de narrar de Verdon me ha gustado mucho. Muchas de las cosas que dicen los personajes son de las que te hacen volver atrás en el párrafo y volverlo a leer. No porque no se entienda o sea confuso sino porque “¡mira que cosa más interesante! ¡mira que sentido común!”. He encontrado que el autor es bastante conocedor de la naturaleza humana y lo refleja muy bien.

La historia tiene un buen ritmo y no deja ningún cabo suelto. Sólo un misterio sobre lo que le pasó “cierta noche” a nuestro detective pero que no es efecto del despiste sino algo totalmente buscado por el autor.

En definitiva, acabé el libro y como una posesa me fui a por dos novelas más del autor a la biblioteca. Más tarde os subo mi opinión de la de “Deja en paz al diablo”. Os adelanto que también me ha gustado mucho.