“Maus” de Art Spiegelman.

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Buenas.

Ahora me ha dado por volver al mundo del cómic, con lo que no podía quedarme sin leer “Maus”, el único al que le dieron el premio Pulitzer. Aparte de este reconocimiento también obtuvo una beca de la Fundación Guggenheim y dió lugar a una exposición en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

Está considerado por la crítica como uno de los mejores cómics de la historia.

¿Yo opino eso?

Pues me pasa como con las novelas que reciben premios (Planeta, Nobel, etc.), que les puedo ver el mérito por bien escrita, bien dibujada, profundidad de personajes y todo lo que se quiera decir de ellas, pero no siempre me parecen tan especiales. Problemas de tener altas expectativas y unos gustos únicos (como todos).

En este caso en particular si que me gustó pero no me parece tan, tan maravillosa como para que haya tanta unanimidad de la crítica en su valoración.

En Maus, Art Spiegelman, el autor, nos narra dos historias: la de su padre, Vladek Spiegelman, como superviviente de Auschwitz y la suya mientras recoge los recuerdos de su padre.

Los personajes son zoomorfos: ratones los judíos, gatos los nazis, cerdos los no judios. Aquí yo tuve un problema. Tenía que estar fijándome en la ropa para saber de que personaje se trataba (el suegro, el amigo, el protagonista…) porque al primer vistazo se me confundían. Y al ser un dibujo sin color, solo blanco y negro, no podía en algunas viñetas diferenciarlos bien. A ver, si sigues la trama, está claro, pero a mi me gusta más otro tipo de dibujo.

La historia del padre no nos cuenta nada que no sepamos ya. Nos narra el horror de los campos de concentración nazi y de como la lucha por la supervivencia sacaba lo mejor y lo peor de las personas. En este caso particular el personaje de Vladek no me resulta particularmente generoso ni altruista. Pero, ¿cómo juzgar a alguien en esa situación? ¿Qué hubiese hecho yo de encontrarme en su lugar? 

Vladek no es un personaje agradable. No lo era antes de convertirse en una víctima ni lo es después. Al menos, a mi no me lo resulta. Egoísta y avaro hará todo lo que tenga que hacer para sobrevivir. Es listo, habilidoso y caradura. Un racista. Un aprovechado. A lo largo de todo el libro no están compensadas las acciones: recibe más que da. La protección de su suegros, de los amigos, de gente que no le conocía aparece reflejada en muchas ocasiones, más que aquellas en que él actúa sin buscar recompensa. Me parecía de esos que en mi tierra se dice que “no dan puntada sin hilo”.

Art Spiegelman debía tener sentimientos encontrados hacia él porque el retrato de su padre no es amable. No ha puesto filtro alguno a las características más antipáticas de su carácter: su egoísmo, su trato despótico hacia su segunda mujer, su agonía con el dinero,… Como compensación nos narra todo lo sufrido por él, todas las miserias y dolores a los que estuvo expuesto, todas sus pérdidas (hermanos, hijo, fortuna, …). En definitiva, la pérdida de su vida tal como era. Lo que siempre hacen las guerras: destrozar los sueños, el presente y el futuro de las generaciones afectadas.

El autor también es bastante honesto con sus sentimientos hacia su madre y a la situación vivida con su suicidio. Incluso en el retrato de su madre es dual: por un lado y por boca de uno de sus personajes nos dice que es sensible y delicada y por otro nos narra un hecho que me hace que me ría yo de la delicadeza. Meten en la cárcel a la vecina porque ella le “endosó” unos panfletos para que se los escondiera por si registraban su casa. Involucra a una inocente en sus actividades en tiempos muy peligrosos. Cuando la detienen, ella no hace lo más mínimo por asumir la culpa. Es su padre rico el que paga a abogados para que libren a la pobre señora de la cárcel. Y vale, suerte que lo consiguieron.

Como curiosidad, la forma de hablar de Vladek. Quizás el autor quiere hacer patente, con este recurso, que su padre es un inmigrante polaco en Estados Unidos que nunca aprendió a hablar con corrección el inglés.

Tiene a su favor que es una novela que te hace reflexionar. Pero ¿hay alguna sobre el Holocausto que no lo haga? Fue tan terrible la “cosificación” de las personas que no hay película, libro, ensayo o dibujo que nos deje indiferente.

De pasada os recomiendo la obra de Viktor Frankl, “El hombre en busca de sentido”. Frankl fue un neurólogo y psiquiatra que estuvo internado durante la II Guerra Mundial en Auschwitz, Dachau y otros campos de concentración. Su formación le permitió vivir esa experiencia reflexionando sobre el sentido de la vida, el comportamiento del hombre sometido a la adversidad y otras muchas cosas que sí que me dejaron marcada y meditabunda durante días.

Es probable que Maus no me haya resultado tan rompedora porque tuve con el Holocausto de fondo, entre otras, como lecturas previas “El hombre en busca de sentido” o “El precio del paraíso” de Manuel Leguineche, que “narra la apasionante historia de Antonio García Barón: un hombre que perdió una guerra en España y otra en francia, y que tras cinco años en un duro campo de exterminio nazi, Mauthausen, se pregunta qué hacer de su vida. Se refugia a orillas del Amazonas, se casa con una mujer de sangre india y tiene cinco hijos. Por fin dueño y señor de sus actos, presidente de su propia república, la República del Río Quiquibey, Antonio ha encontrado la libertad lejos de grandes ciudades, en una cabaña sin electricidad ni teléfono, a horas en canoa de la primera civilizada” (sinopsis de sopa de letras.com)

Os dejo un ejemplo de las viñetas de Maus. El dibujo es lo que menos me gustó aunque algunas viñetas son impactantes, con fuerza. Lo que más: los personajes. Llenos de matices y de grises en su comportamiento y sentimientos. 

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