“La sombra de Ender” por Orson Scott Card.

la sombra de ender

 

Portada fea e inquietante donde las haya. Nada que no pueda ser obviado ante el entusiasmo que se despertó en mi por el universo creado en “El juego de Ender” y en su escuela de batalla. Proseguí por tanto con esta novela, que aunque el cuerpo te pide leerla a continuación no la escribió hasta bastantes años después de su éxito. Aquí el autor vuelve a la escuela y narra los mismos hechos pero desde el punto de vista de otro personaje al que yo, personalmente, me quedé con ganas de conocer mejor. El pequeño Bean.

Y es con esta novela cuando le doy el título de “maestro” a Orson Scott Card. Porque maestría al escribir es lo que hay que tener para conseguir con esas premisas una historia igual de absorbente o más que la anterior, en la que el personaje principal de la serie no se vea deslucido y en la que el que protagoniza esta novela tenga tanta fuerza. Con menos palabrería es “me tuvo pegada al libro sin pestañear casi para contarme las mismas cosas”. Y después de terminar sigo desbordando entusiasmo por la serie. Tanto que ahora tengo entre manos “La sombra del Hegemón”. Ya os contaré. Nos enteraremos de como le fue al hermano de Ender, Peter, el bicho malo pero listo y ambicioso como él solo.

Me sorprende mucho que tanto en esta como en la anterior las descripciones físicas son casi inexistentes. Tengo una imagen clara de cada personaje pero es la que se ha creado en mi mente sin guía ninguna. No nos habla del color de la piel, ni de los ojos, ni de las narices ya puestos… aunque la referencia al pequeño tamaño por edad de Ender y Bean es bastante frecuente.

Al ser niños que actúan como adultos se nos hace difícil imaginarlos con la edad que se dice que tienen. Bean, por ejemplo, vivía solo en las calles con dos años, él pensaba que tenía cuatro y yo, por las cosas que hacía me lo imaginaba con unos siete u ocho pero bajito. Me era imposible conciliar ese cerebro con un cuerpo descoordinado de dos años.

La primera parte de la novela nos lleva a los primeros años de Ender como un niño de la calle en la ciudad de Rotterdam. Las dificultades en la lucha por la comida con otros niños, con las bandas y con los matones me llenó de horror. Prostitución, robo, asesinato… todo vale con tal de sobrevivir.

Ese es el mundo que conoce. Casi muerto de inanición se fija en una banda comandada por una niña pequeña, de unos nueve años, llamada Poke. Todos los demás son muy pequeños, demasiado para protegerse de los matones, niños un poco mayores que les roban la poca comida que tiene y que les expulsan de las filas de los comedores sociales.

Siendo testigo de como Poke tiene que entregarle lo poco que tiene a un matón le sugiere que ataquen a uno y que le convenzan para que les proteja a cambio de comida. Así solo tendrá que alimentar a uno y no a todos los que se va encontrando. Poke sigue su consejo y ataca usando la estrategia sugerida: empujón y niños pequeños agachados detrás que le harán caer. El elegido es un matón de medio pelo llamado Aquiles: cojo y listo.

Aquiles es tan astuto que inmediatamente se hace con el liderazgo de la banda a la que llama “su familia”. Todos los niños le llaman papá y le reverencian. Se gana la simpatía de Helga (que dirige el comedor) porque protege a los pequeños. Consecuencia inmediata es que tienen asegurada la comida y poco a poco recuperan fuerzas. Para evitar represalias de los otros matones busca el respeto y el miedo atacando a Ulises, otro matón, ayudado por los niños. Otra idea de Bean los mantiene a salvo. En voz alta, para que escuchen los adultos, pregunta a un matón ¿dónde están tus hijos? Y viendo el aludido que así tendrá asegurada la comida al día siguiente se presenta con pequeños a su cargo, y así uno tras otro. Y no atacan a los pequeños y débiles porque son “su familia” y la que les procura un buen lugar en la fila del comedor y el sustento.

Aquiles es un lider nato y cuida de los suyos pero Poke y Bean aunque están entre ellos no forman parte de la familia. Él no come su parte del pan que sacan del comedor. Sutil pero claramente los deja al margen. Y Bean sabe que está en peligro. Poke muere asesinada y entonces aparece en su vida una monja que se encarga de buscar niños “especiales” en las calles que pueda enviar a la escuela de batalla. Un trabajo, hasta ese momento, con pocos, por no decir ningún éxito. Avisada por Helga del milagro que se ha producido en las calles, y de como los niños se han vuelto civilizados, viene en busca de la explicación y se encuentra con Aquiles y Bean.

Y hasta aquí llego contando “en detalle”, que me acabo de dar cuenta de que en vez de una pinceladita del argumento estoy, que si me descuido, no paro y al final os destripo la historia. Y nada más lejos de mi intención. Mi intención es que ¡uhhhh! ¡la leáis! Porque hay que compartir y difundir lo bueno. Se lo debo al señor Orson S. Card por el placer sentido leyendo su obra.

Bean es enviado a la escuela de batalla y aquí es donde comienzan a narrarse muchos de los hechos que ya conocíamos por “el juego de Ender”. Me parece mentira que después de pasar tan pocos días desde que la terminé el autor me haya tenido tan fascinada con esta nueva novela. La historia principal se enriquece con los detalles y no decae en ningún momento.

Aunque también se abre otra línea argumental con el origen de Bean. Especialmente interesante ya que nos plantea la “humanidad” de los resultados de la manipulación genética.

El formato es el mismo que en “El juego de Ender”. En cursiva aparecen los diálogos de profesores, psicólogos y militares introduciendo algunos capítulos(¿o son todos?). Es la parte para mí más confusa. Me cuesta saber algunas veces quienes son los que están hablando hasta que no llevo leído un trozo. Y eso me molesta un poquito. Pero vamos, que es una gotita en un un mar. Bueno, para ser totalmente sincera, otra gotita es la deriva religiosa del personaje de Bean hacia el final con alguna que otra cita bíblica.

El suspense por el final desparece pues ya conocemos los hechos pero estamos en un sin vivir con el tema de Aquiles y el futuro de Bean.

¿Como he podido estar tanto tiempo viendo estos libros y pasando de largo? Ni dudéis por un momento de mi próximo movimiento: ¡la peli!. Fusiona estas dos novelas y tengo a mi Harrison Ford en ella (soy muy fan de Indiana Jones y de la Guerra de las Galaxias).

Y al hilo de esto (La guerra de las Galaxias) os cuento que estuve viendo a Goyo Jiménez en “El Club de la Comedia”. ¡Que hartón de reír con una comparativa entre el alunizaje de los americanos y el que se hubiese producido si los primeros hubiesen sido españoles! Ese “Manolo, soy tu padre”, en clara referencia a Dark Vader cuando tiene puesto el casco me tuvo escacharrada de risa un buen rato.

Os paso un enlace donde lo veréis.

Goyo Jiménez en el club de la comedia

Espero que disfruteis “dambas” cosas como yo lo hice.

Y si queréis husmear en otra opinión podéis ver

JUANJE LÓPEZ PONELETRAS

 

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