“No abras los ojos” de JOHN VERDON.

 

 

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He aquí un interesante descubrimiento. Seducida por la portada, tan oscura ella, me tiré a la piscina sin buscar ninguna referencia en internet como suelo hacer (excepto con los autores consagrados en el altar de mi estantería, que ahí ya no hay filtro ninguno. Es como una marca favorita. Conseguido el prestigio ya consumo todo lo firmado).

A cuento de esto recuerdo que siendo pequeña me asombraban las cantidades que se pagaban por cuadros abstractos que me parecían una birria (Picasso nunca me gustó). Pregunté a mi padre, que en mi universo tenía todas las respuestas, y esta vez la contestación fue “es que lo que vale es la firma”. Una obra pintada por Picasso cuando era niño vale lo que vale sólo por ser suya y por la fama que alcanzó después.

Rebobinando. Por eso leo todo lo de Aynd Rand, Sandra Brown, Lisa Gregory, Nalini Singh, Jojo Moyes, Lisa Kleypas, etc., etc., etc. No todo me ha gustado, pero es lo que hay, no vaya a ser que me pierda alguna joya. He decidido sumar a John Verdon a la lista. Y como pensé que era una novela independiente me sorprendí al encontrar algunas referencias a hechos anteriores relatados en otra novela. Había empezado por el segundo de la serie de aventuras del detective Dave Gurney. Pero eso es un detalle sin importancia si no eres muy maniático porque le historia se sostiene sola.

Y es una historia muy interesante. Una novia muere decapitada por un machete durante la ceremonia de su boda. Todo apunta que el culpable es el jardinero. Dave Gurney se ve implicado de lleno en la investigación de este crimen “animado” por su amigo el detective Jack Hardwick. Adoro a este personaje. Cínico y gruñón, grosero… es el contrapunto perfecto al imperturbable Gurney.

Hay que decir que no es que nuestro detective estrella necesitase mucho ánimo porque ha nacido para resolver enigmas y su bucólica vida en el campo en compañía de su mujer, Madeleine, está acabando con él tras su retiro de la policía. Se da un plazo de dos semanas y si no lo resuelve en ese tiempo dejará la investigación. Es lo que piensa que será un plazo razonable para lo que quiere hacer sin que su extrema dedicación al caso le pase factura a la relación con su mujer.

La historia se va complicando poco a poco, y nos encontramos en un escenario de un asesino múltiple extremadamente inteligente. La “muerta” resulta que era un todo un cerebro pero estaba bastante loca. Guapa y rica había abusado de todas las drogas y el sexo al que había podido tener acceso.

Es su madre la que contrata a Gurney para que realice una investigación independiente a las que lleva la policía. A su entender son unos incompetentes y se encuentran en un punto muerto. Es su sentido de culpa por como desatendió a su hija en su infancia más que su amor de madre lo que la empuja a pagar lo que sea necesario para que se encuentre al culpable.

Gurney empieza a desenredar la madeja y comienza a sospechar que el jardinero, culpable señalado por todos y al que se ha tragado la tierra, puede no ser el culpable. Tachán…. Si no es él ¿quién?

El pasado de la hermosa novia liquidada en el día de su boda se va desvelando. Estudió en un colegio que se ha transformado. De atender a “niñas con problemas de conducta” han ido conformando un alumnado de niñas realmente enfermas. Niñas que abusan sexualmente de niños más pequeños, o que utilizan el sexo para conseguir lo que quieren.

Os cuento que todas las “perversiones” de las que se habla simplemente son para situar la acción y el porqué del desarrollo de los acontecimientos. No hay descripciones morbosas. No hay temas escabrosos narrados en detalle.

Y hasta aquí llego para no destripar mucho la novela. El asesino lo intuí pero no sé por qué, porque pistas claras no hay hasta el final.

Del personaje de Dave Gurney me atrajo su serenidad ante el peligro, su seguridad en su capacidad para resolver entuertos, su frialdad. La parte en la que narra la relación un poco complicada con su mujer es quizás lo que menos me ha gustado. Se me ha hecho un poco lenta aunque tengo que reconocer que ha contribuido a que la imagen de los personajes tengan matices que no podríamos percibir de otro modo. Vemos así la diferencia de personalidades y la diferencia en las cosas que le apasionan. Vamos, el pan nuestro de cada día de las parejas. Ella es feliz con su bucólica vida en el campo y el se aburre como una oveja. Ella teme que su manía de implicarse con gente peligrosa (los asesinos no son hermanitas de la caridad) salpique ese remanso de paz que es su casa y altere su segura vida. Pensó, pobre ilusa, que al retirarse de la policía y dejar la gran ciudad su día a día sería tranquilo y se encuentra con que el pobre hombre tiene casi más trabajo que antes.

La forma de narrar de Verdon me ha gustado mucho. Muchas de las cosas que dicen los personajes son de las que te hacen volver atrás en el párrafo y volverlo a leer. No porque no se entienda o sea confuso sino porque “¡mira que cosa más interesante! ¡mira que sentido común!”. He encontrado que el autor es bastante conocedor de la naturaleza humana y lo refleja muy bien.

La historia tiene un buen ritmo y no deja ningún cabo suelto. Sólo un misterio sobre lo que le pasó “cierta noche” a nuestro detective pero que no es efecto del despiste sino algo totalmente buscado por el autor.

En definitiva, acabé el libro y como una posesa me fui a por dos novelas más del autor a la biblioteca. Más tarde os subo mi opinión de la de “Deja en paz al diablo”. Os adelanto que también me ha gustado mucho.

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