ELIZABETH HOYT. “El príncipe cuervo”.

 

ELIZABETH HOYT El principe cuervo

  • Nº de páginas: 416 págs.
  • Editorial: BOOKS4POCKET
  • ISBN: 9788415139676

 

RESUMEN DADO POR “LA CASA DEL LIBRO”:

Edward de Raaf, conde de Swartingham, necesita con urgencia un secretario que ponga orden en sus caóticas finanzas. El problema es que, con su carácter, espanta a todos los candidatos. Para Anna Wren el puesto es la solución a sus problemas, después de enviudar de un marido infiel y quedarse en la ruina. La atracción entre ambos personajes queda patente desde el primer momento, aunque Edward no parece muy dispuesto a dejarse llevar por ella. Cuando Anna descubre que el conde es habitual de un conocido burdel de Londres, decide poner en marcha una pequeña mascarada. Porque en el juego de la seducción, no existen reglas…

OPINIÓN

La he disfrutado mucho. Hay un punto de la novela, en la que los dos protagonistas van a darse un beso que es interrumpido antes de que se produzca que me tenía el pecho pillado de la emoción. ¡No me lo podía creer, la de tiempo que hacía que no tenía esa sensación leyendo! Luego tiene escenas eróticas y bien descritas pero que no me produjeron el mismo efecto. Hay sexo muy explicito, pero no para hartar. ¿Os conté ya que me aburrí a morir con L.J. James y sus 40 sombras de Grey?. ¡Vaya eso por delante! Por eso miro con mucha desconfianza casi todas las novelas publicadas a la sombra (valga la redundancia) de ese best-seller, que son muuuuchas. ¡Son como una peste! ¡Dominadores y sumisos por doquier! ¡Socorro!

Tengo pendiente en mis lecturas a Sherry Thomas, que en novela romántica-erótica es un referente y después os contaré.

En fin, que me pierdo porque esto es como navegar por Internet, empiezas en un sitio y nunca sabes donde acabarás. Empiezo a hablar de esta novela y me distraigo.

En esta novela los dos protagonistas son feos. Eso piensan el uno del otro. Y eso es lo que deducimos de las descripciones que nos regala la autora: él con el rostro picado por la viruela y ella con una nariz larga y nada destacable excepto la boca. Pero… al final de la novela me los imaginaba muchísimo más hermosos (¡lo que hace el cariño!). Porque, sí, les cogí cariño a los dos.

A él lo introducen como alguien brusco y con mal genio, un poco temible. Aquí la autora se pasó porque a lo largo de toda la novela “cachito de pan” lo único que hace un poco con ese perfil es iniciar una pelea en el burdel (muy divertida, por cierto).

Ella, que parecía un alma cándida, un “pan sin sal” que dicen por aquí, se convierte en una mujer atrevida y de fuerte personalidad. (Hay que tener mucho carácter para llevar la contra a los dictados sociales en una época como la suya acogiendo a dos prostitutas en su casa y “visitando” un burdel).

El estilo me parece ágil y me he sentido muy cómoda con la manera de narrar de la autora. He encontrado un cierto abuso de la expresión “ojos negros como la obsidiana”. No tanto como para que me molestase pero sí como para que me diera cuenta y realmente no sé si es cosa del original o de la traducción. Una minucia en comparación con todo lo que me aportó la novela.

Encontré también que me empujó a la reflexión, lo cual no suele ocurrirme con este tipo de lecturas. Y vaya si me hizo pensar, sobre la sociedad de la época y el papel de la mujer en ella. Si no había hijos en el matrimonio ¿qué se daba por supuesto?… ¿Quién era estéril?… ¡adivina, adivinanza!. Pues está claro… ¡la mujer!¡Genial! Lo triste del asunto es que esto no es sólo literatura, es historia real. Y como soy mujer, me rebelo contra ese hecho y contra la sensación de culpa que embarga a la protagonista. Cree la ilusa que “su discapacidad” empujó a su marido a la infidelidad. Este convencimiento, totalmente asumido, ahora nos resultaría impensable. Y mi reflexión me llevó a cómo el peso de unas creencias y de una educación convirtió a las mujeres en sus peores enemigas. ¡Cuantas vidas constreñidas por temor al qué dirán! ¡Y cómo en otros lugares del mundo siguen viviendo con una moral medieval! ¡Y cómo de difícil tenía que ser, partiendo de ese momento y lugar, sacudirse mínimamente el yugo que las aprisionaba!

Acabado el desahogo tengo que decir que me ha divertido. Me gustaron los personajes secundarios (el administrador con sus chalecos de bordados “espectaculares” en cuanto a motivos y colorido, el viejo criado gruñón del conde, el perro con la oreja doblada, la “mala” de pacotilla, la cariñosa suegra, los colegas “agrarios” del conde…) ¡todos tienen su punto!

En cuanto al momento de la historia en que se sitúa la acción, nos encontramos en la época de las pelucas empolvadas (que pican) y sorprendentemente he tenido la sensación de que la autora ha incidido más en la vestimenta de los hombres que en la de las mujeres. Un cambio refrescante. ¡Me encantaba el asunto de los chalecos bordados con cerditos y abejorros y con ribetes de vivos colores! ¡Era tan tierno el personaje que los llevaba con su creencia de ir a la última en cuanto a moda!¡Y tan tierna su mala interpretación de las miradas de los demás, confundiendo pasmo con admiración!

Algo peculiar y a destacar es la estructura de la novela. Inicia cada capítulo con un trocito del cuento “el príncipe cuervo”, una historia de príncipes y princesas que le contarías a tu niña antes de dormir o al calor de una manta, y que tiene su encanto particular.

Resumiendo, la he disfrutado y seguiré con las dos siguientes de la serie que se centran en dos personajes que hicieron en esta novela su presentación en sociedad: Harry (una breve aparición) que es el protagonista de “El príncipe leopardo” y el vizconde Simón Iddesleigh, que tiene un papel un poquito más extenso. Este último es un petimetre con sentido del humor que salva a nuestro protagonista de hundirse en la desesperación (¡me cae bien este chico!) y que protagoniza “El príncipe serpiente”. (¡esperadme chicos, que voy pronto a conocer vuestras vidas!)

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